La educación en la fe apuesta por un mundo más habitable y una sociedad más humana


 

“La educación será ineficaz, y sus esfuerzos serán estériles, si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza”.

Papa Francisco, Alabado Seas, n.215, Dabar, México, 2013.

 

La reflexión que en esta ocasión queremos compartir contigo, educador en la fe, es esencial y puede resumirse en un sencillo cuestionamiento: educar en la fe ¿para qué? Las respuestas pueden ser múltiples y quizá todas válidas; pero tú y nosotros sabemos que la respuesta esencial es ésta: para formar niños/as, adolescentes, jóvenes y adultos interesados en conocer y asumir su realidad sociocultural, responsables de la misma y capaces de, en su calidad de cristianos, influir en ella y transformarla a fin de que sea más humana y humanizante, y más incluyente, solidaria y justa. El tema podría terminar aquí, pero estarás de acuerdo en que hace falta añadir algunas reflexiones que convenzan y refuercen la convicción de lo que encierra esta respuesta.

 

“Por que quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Marcos 8, 35-36).

De alguna manera este texto nos habla de que, en el cristianismo, el seguimiento de Cristo no es de “autoconsumo”, para mi salvación, sino que implica una entrega incondicional de la vida a Jesús y a la radicalidad del Evangelio, o sea, a la construcción del Reino de Dios aquí.

 

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de ustedes les dice vayan en paz, caliéntense y hártense, pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Carta de Santiago 2, 14-17).

Debemos formar en la fe de tal manera que esa fe se traduzca en obras, o como dice el papa Francisco, se manifieste en las manos, en el hacer. Eso hará que nuestros educandos vayan entendiendo que solo son para Dios si son los hermanos.

 

“La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones, una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (Papa Francisco, La alegría del Evangelio, n.178, Dabar, México, 2013).

Todos los programas, sistemas y herramientas de formación en la fe son una profundización del kerygma, por tanto, deben llevar a los educandos a desear, buscar y cuidar el bien de su comunidad social.

Acerca de la cultura del encuentro

“Los maestros cristianos, que trabajan tanto en escuelas católicas como públicas, están llamados a estimular en los alumnos la apertura al otro como rostro, como persona, como hermano y hermana por conocer, y respetar con su historia, con sus méritos y defectos, riquezas y límites” (Papa Francisco, Pacto educativo entre escuela, estado y familia, alocución a la AIMC, el 05-01- 2018).

Todo un reto, pero es el camino por el que podemos llegar a lograr una sociedad más humana y, como todo cristiano, ocuparnos de construir un mundo mejor.

Acerca de la educación ecológica

“La ecología en la que hay que educar debe ser integral. Y, sobre todo, la educación debe tender al sentido de responsabilidad: no a transmitir eslóganes que otros deberían seguir, sino a suscitar el gusto de experimentar una ética ecológica partiendo de elecciones y gestos de la vida cotidiana” (Papa Francisco, ibídem).

El mejor comentario que se puede hacer a esta cita es parafraseando levemente lo que el Papa dice al respecto en el mismo documento: que esta educación ecológica debe suscitar un estilo de vida que se manifieste en un comportamiento que encuentre su sentido y motivación en la relación “con Dios creador y redentor, con Jesucristo centro del cosmos y de la historia, con el Espíritu Santo fuente de armonía en la sinfonía de la creación”. Es claro una vez más que no se trata de conceptos o teorías, sino de un ser y hacer del cristiano para que este mundo sea más habitable. Todo un hermoso reto educativo.

Y para redondear, una última cita

“Es muy urgente que la educación, y quienes se dedican a ella, logren poner en juego y armonizar estos tres lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos, el del hacer. “Aprende lo que sientes, y haz”; “Siente lo que piensas, y haz”; “haz lo que piensas y sientes”…”Estudiar” debe ya contener el “pensar” junto al “hacer” y el “sentir”.

Es un llamado a la “congruencia educacional”: que enseñemos a nuestros educandos a armonizar lo que piensan con lo que quieren y con lo que hacen, y viceversa; que ellos perciban que nuestra enseñanza es congruente con nuestra vida, y viceversa; que los padres de familia cuiden también, en complicidad con nosotros, que sus hijos e hijas experimenten en ellos la  misma congruencia en sus propias vidas; y, finalmente, que los educandos, nosotros y sus padres aprendamos a ir pensando, sintiendo y haciendo como Jesús.

Estamos seguros de haber logrado cimentar la respuesta a la pregunta inicial, aunque no de manera exhaustiva, pero creemos que sí suficiente. La adhesión práctica a los valores cristianos es indispensable para construir un desarrollo humano integral y una sociedad solidaria, justa y promotora de una ecología integral.

A ti, educador, ¿qué te pareció? Esperamos haberte sido útiles y esperamos tus opiniones y propuestas.

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