Echa una mano a los niños que han vivido estrés, encierro y pérdidas por la pandemia


 

Cada vez falta menos para que niños, los adolescentes y jóvenes regresen a su formación cristiana presencial y sigan su camino de crecimiento y maduración en la fe; para celebrar sus sacramentos y aprender a llevar una mejor vida cristiana.

Como sabemos, la mayoría de niños y jóvenes no se han enfermado de covid19, pero si han tenido que mantenerse aislados, y en algunos casos, han sufrido la pérdida de algún ser querido. Todo esto provoca traumas, estrés, aburrimiento, desesperación y confusión, y su único desahogo, en el mejor de los casos, han sido la televisión, los video juegos o el internet.

El doloroso tiempo que estamos viviendo por causa de la pandemia, nos obliga a repensar, ahora con su regreso, cómo se va a acompañar a los niños y niñas en su educación; incluyendo la formación cristiana ofrecida en las parroquias.

Por ello, a ti que eres catequista, te compartimos unas sugerencias que te pueden ayudar en tu ministerio de catequista.

  1. Enséñales a ver la realidad con otros ojos

En algunos de los encuentros que tengas, invita a los niños a compartir sus experiencias, a expresar sus sentimientos y emociones. Que desarrollen la habilidad, no solo de compartir lo que han vivido ante la pandemia, sino que puedan verbalizar esa realidad. Esto ayudará a los niños o jóvenes a sacar sus angustias y preocupaciones para sentirse más “ligeros de equipaje”.

Tú como catequista, toma muy en serio los sentimientos que comparten tus alumnos; ten paciencia para escuchar y presta atención a sus gestos, sus movimientos y sus palabras. Puedes dar un aplauso cada vez que alguien comparte.

  1. Ayúdalos a pensar desde otra perspectiva

Si no cambiamos nuestros estilos de vida, corremos el peligro de no poder revertir lo que hemos vivido.

La formación de la fe, antes de ser una doctrina, es una experiencia de Dios, un encuentro y un llamado con el Señor Jesús y su Evangelio. Por lo que este acompañamiento para ayudar, no debe evadir la realidad que enfrentamos, también hay que llevarlos a saber pensar su fe con relación a esta enfermedad. No para que la conceptualicen o la demonicen, sino para que al pensarla más serenamente y a la luz de la fe, piensen cómo Dios acompaña a los que sufren y  encuentren armonía en su mente, en su corazón y en su alma.

Invita a los catequizandos a mirar a Jesús, a poner sus ojos fijos en el Hijo de Dios. A comprender que en su forma de vivir brindó salud, vida y cuidado por los demás. Hay tantos ejemplos en la vida de Jesús de cómo curó, sanó y ayudó a muchas personas para saber cuidase y ayudar a las personas.

Pregunta a los niños que les gustaría que Jesús les dijera para sanar su corazón, su mente, su alma. Imaginen qué palabras buenas les diría. Si gustas, también puedes dar un espacio a preguntas y respuestas.

  1. Sugiéreles a actuar de manera más consciente

Todos estamos sufriendo, pero tenemos que salir adelante de tal modo que esta etapa de dolor valga la pena para no seguir actuando como siempre.

Muchos niños y niñas además de este estrés y preocupación, viven violencia doméstica, maltrato o acoso. Una vulneración de sus derechos humanos. Como dicen los especialistas “viven una crisis dentro de una crisis” (Cornelius Williams, UNICEF).

Ayuda a hacerlos conscientes de que vivimos algo inédito que nos enseña que nuestras acciones no siempre son buenas. No porque existan personas que no se enfermaron podemos permanecer indiferentes. Motiva a vivir con acciones de conversión, es decir, tener la voluntad de hacer lo que es bueno, lo que es justo, lo que es verdadero.

Invita a los niños y niñas a tener valentía para platicar con sus papás de lo que no está bien; de lo que no les gusta que hagan, digan o sientan que los agreda. Los niños, pueden detener muchos actos de agresión suscitados durante estos tiempos de encierro.

  1. Enséñales a agradecer, a celebrar y a orar con fe y esperanza

Todos estamos interconectados, entre nosotros y con la creación misma. Hay motivos suficientes para agradecer, pero también para pedir perdón.

En tus catequesis, dedica algunos minutos para crear momentos de silencio y de meditación, para que libremente expresen a Dios su agradecimiento.

Invítalos a creer que es posible vivir de un modo que nos lleve a cuidarnos. Tal vez quisiéramos mostrar nuestro apoyo, amistad o cariño hacia  los niños con un abrazo, pero en estos tiempos, expresa esos afectos con gestos y con el poder de las palabras que edifican, que expresan ánimo, alegría, amor, confianza.

Como toda esa nueva realidad no se soluciona con un encuentro, una plática, y ni la fe es mágica, busca otros momentos para revisar el estado de ánimo de los niños.

Solo nos resta hacer énfasis en que los catequistas no pueden olvidar todas las medidas sanitarias de higiene y cuidado de sus catequizandos. Los catequistas pueden hacer la diferencia a la hora de compartir el evangelio con los niños, sobre todo sabiendo que vienen saliendo de una etapa de crisis.  A muchos niños hay que darles paz, a otros hay que secar sus lágrimas, a otros hay que escucharlos, pero a todos hay que ofrecerles el amor liberador de Dios.

Hoy queremos priorizar la salud emocional de los niños y niñas de catequesis. Pero también, queremos animarlos en la fe, para priorizar la construcción de ambientes más sanos, más humanos y más justos. Y esto también empieza por los niños.