¿Vale la pena hablar de Dios a los más pequeños?


Abordar a los niños y niñas con el concepto teológico de Dios es algo muy complicado. Pero, si lo que queremos es acercarlos al conocimiento y entendimiento del Señor no tenemos que menospreciar la capacidad de los pequeñines; porque ellos son capaces de descubrir, encontrarse, percibir y, sobre todo, experimentar a Dios en sí mismos, y en el medio que los rodea.

Por supuesto que los infantes son capaces de Dios, y como muestra hay cinco consideraciones de palabras autorizadas que nos confirman la <<Capacidad de Dios>> sobre todo de los más pequeños.

  1. La primera infancia (edad preescolar), de acuerdo con la razón y la misma fe, es una etapa que posee toda la potencia y toda la gracia de <<una vida que comienza>> y, por tanto, tiene en sí todas las posibilidades necesarias para entrar en contacto y experimentar a sus semejantes, seres humanos, y también para entrar en contacto y experimentar a su papá Dios. Todo esto en la familia, en la escuela y en la comunidad humano-cristiana. (cf DGC, Núms. 177 y 178).
  2. Jesús dejó dicho: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos” (Mateo 19,14). Es decir, si los más pequeños no fueran capaces de Dios, aún no tendría sentido que Jesús los presentara como candidatos privilegiados al reino de Dios y más aun, como modelos condicionantes para entrar en él.
  3. La exhortación apostólica Catechesi Tradendae, en su número 36, considera que los niños pequeños, a los que llama párvulos, son capaces de recibir “…los primeros rudimentos de la catequesis… una sencilla revelación del Padre Celestial al cual aprende a dirigir su corazón… y el principio de un diálogo amoroso con ese Dios…”. Es decir, son capaces de experimentar a Dios, tratarlo, amarlo y hablar con Él.
  4. Una mamá catequista, maestra y escritora habla de dos experiencias que se deben tomar muy en cuenta en la catequesis infantil. La primera es la del infante que vive el amor, la ternura la bondad, la alegría, la seguridad y el perdón en su relación con las personas que lo rodean, sobre todo con sus padres, que le van proporcionando la primera experiencia de Dios. La segunda experiencia es la que el pequeño va teniendo de sí mismo y del medio en el que se desenvuelve e identifica lo trascendente.

Estas dos experiencias le van permitiendo gradualmente su primera interiorización de la experiencia de Dios. Los pequeños y pequeñas de 3 a 5 años son entonces “capaces de Dios”, y por tanto vale la pena ayudarlos a encontrarse con Él.

  1. También podríamos citar una frase de san Agustín, en sus Confesiones que nos habla tanto de la capacidad como de la necesidad que los seres humanos tenemos de Dios “Señor, hiciste nuestros corazones para ti y estarán siempre inquietos hasta que descansen en ti”. Si los pequeños y pequeñas, como todo ser humano, tienen no solo la capacidad, sino más aún la necesidad de Dios, debemos hablarles de Dios y acercarlos al conocimiento y trato con Él. De otro modo quedarían incompletos en su desarrollo humano.

De los 4 a los 6 años de edad, todo lo que le enseñemos a los niños y niñas es vital para el resto de sus vidas. Pasado este tiempo, los chiquillos y chiquillas quizá no sean capaces de hablar mucho de Dios, pero ciertamente serán capaces de hablar mucho con Él y reconocer su hermosa creación.