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Colaboración especial de José Martín González Amaro
Profesor universitario | Miembro del colectivo Teología Latinoamericana – Volver al Evangelio

En Ediciones Dabar creemos que el diálogo entre la fe, la cultura y la realidad contemporánea enriquece la reflexión cristiana. Por ello, inauguramos nuestra sección de Blogs de Colaboración, un espacio abierto para compartir artículos de autores invitados cuyas opiniones y reflexiones contribuyen al diálogo dentro de la Iglesia.

En esta ocasión compartimos el siguiente texto de José Martín González Amaro, inspirado en el panel organizado por el colectivo Teología Latinoamericana – Volver al Evangelio, en torno a la encíclica Magnifica Humanitas.

Samaritanear en tiempos de algoritmos

Nunca como ahora habíamos tenido acceso a tanta información ni a herramientas tan poderosas para comunicarnos, aprender y crear. Tampoco había sido tan fácil confundir información con conocimiento, velocidad con sabiduría o conexión digital con auténtico encuentro humano. En este contexto emerge la inteligencia artificial como uno de los fenómenos más influyentes de nuestro tiempo. Sin embargo, una de las conclusiones más valiosas surgidas durante el panel organizado por el colectivo Teología Latinoamericana – Volver al Evangelio fue descubrir que Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV, no tiene como protagonista a la tecnología, sino a la persona humana.

La pregunta central del documento no es cómo hacer máquinas más inteligentes, sino cómo evitar que los seres humanos se vuelvan menos reflexivos, menos solidarios y menos capaces de reconocer la dignidad del otro. En una cultura que privilegia la inmediatez, la productividad y el rendimiento, León XIV nos recuerda que el principal desafío de la inteligencia artificial no es tecnológico, sino profundamente humano.

Uno de los aportes más significativos señalados durante el panel fue que la tecnología no puede asumir la responsabilidad moral de nuestras decisiones. Allí donde la máquina calcula, la persona discierne. Allí donde el algoritmo procesa datos, el ser humano está llamado a interpretar, valorar y decidir. Lo que nos distingue de la tecnología no es la información que poseemos, sino nuestra capacidad de discernir, actuar y asumir responsabilidad moral.

Desde la psicología, esta reflexión adquiere especial relevancia en un contexto marcado por la llamada guerra cognitiva. Los algoritmos moldean hábitos, seleccionan contenidos y condicionan la manera en que percibimos la realidad. El scrolling constante y la búsqueda permanente de estímulos inmediatos pueden generar una cultura donde la reflexión profunda pierde terreno frente a la reacción impulsiva. Corremos el riesgo de acostumbrarnos a respuestas rápidas para preguntas que exigen diálogo, discernimiento y tiempo. Por ello, una de las enseñanzas más valiosas de la encíclica puede resumirse en una frase: la velocidad nunca debe sustituir al discernimiento.

Entre las ideas más sugerentes surgidas durante el diálogo estuvo la tensión entre Babel y Jerusalén. Babel representa la concentración de poder, riqueza e influencia; la lógica de la acumulación y del éxito entendido únicamente en términos de ganancias. Jerusalén, en cambio, simboliza una humanidad reconciliada, capaz de construir comunidad, solidaridad y encuentro. El verdadero debate no consiste en estar a favor o en contra de la inteligencia artificial, sino en decidir qué proyecto de humanidad queremos construir.

Magnifica Humanitas puede leerse como una actualización contemporánea de la Doctrina Social de la Iglesia. Desde Rerum Novarum hasta Fratelli Tutti, la tradición social cristiana ha insistido en que la economía, la política, la ciencia y la tecnología deben estar al servicio de la persona humana y no a la inversa. La dignidad humana sigue siendo el criterio ético fundamental para evaluar cualquier forma de progreso.

La encíclica también recupera uno de los llamados más profundos del Evangelio: la opción preferencial por los pobres. Mientras buena parte del debate público se concentra en los avances tecnológicos, millones de personas continúan enfrentando dificultades para acceder a oportunidades educativas, laborales y digitales. La brecha tecnológica es también una brecha social. En ciudades fronterizas del norte de México, muchos jóvenes viven bajo la exigencia de competir en una economía cada vez más globalizada y digitalizada, pero sin contar siempre con las mismas oportunidades para hacerlo.

Las palabras del padre de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez, conservan aquí una extraordinaria vigencia: hay que ver al prójimo. Mirar los rostros concretos de quienes viven las consecuencias de la exclusión. La inteligencia artificial puede abrir nuevas posibilidades para la humanidad, pero difícilmente contribuirá a construir una sociedad más justa si permanece indiferente frente a quienes siguen siendo descartados.

La pregunta final que dejó Magnifica Humanitas al término del panel fue: ¿qué vamos a hacer con ella? A partir de ahí surgieron otras interrogantes inevitables: ¿cómo hacer tierra con sus enseñanzas en nuestras diócesis, parroquias y comunidades?, ¿cómo lograr que llegue a los jóvenes y se convierta en una herramienta de formación para el discernimiento?, y ¿cómo hacer que la encíclica sea parte del algoritmo?

Quizá la respuesta se encuentre en una palabra que atravesó el panel de principio a fin: samaritanear. Samaritanear significa detenerse frente al otro, reconocer su dignidad y asumir responsabilidad por su sufrimiento. Significa construir puentes en lugar de muros y promover una auténtica cultura del encuentro. Es, en el fondo, la propuesta pastoral que emerge de la encíclica.

Como docente, veo cada día el desafío de formar personas capaces de utilizar la tecnología sin renunciar al pensamiento crítico, al discernimiento y a la responsabilidad ética. Tal vez esa sea una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo: educar para la humanidad en una era dominada por algoritmos.

El panel no podía entenderse sin traer al encuentro al pontificado del papa Francisco, la necesidad de pensar en una auténtica revolución de la ternura. Frente a la polarización, el aislamiento y la cultura del descarte, la respuesta cristiana sigue siendo el encuentro. Frente a la indiferencia, la solidaridad. Frente al individualismo, la construcción del bien común.

Samaritanear

León XIV nos interpela con la encíclica a toda persona cristiana, nos reta a que Magnifica Humanitas no sea solamente comprendida sino encarnada. Que se convierta en una práctica cotidiana en parroquias, comunidades, movimientos y familias. Que pase del papel al corazón, de la reflexión a la acción y de la teoría al encuentro. En otras palabras, que logre llegar al ADN de la Iglesia. Samaritanear en tiempos de algoritmos significa precisamente eso: volver a poner en el centro de la vida cristiana a la persona humana y su dignidad. Porque, al final, el verdadero desafío de nuestro tiempo no consiste en construir máquinas más humanas, sino en evitar que los seres humanos dejemos de serlo.

José Martín González Amaro

Sobre el autor

José Martín González Amaro es profesor y doctorante en Ciencias Sociales en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Cuenta con una sólida trayectoria académica en investigación sobre desigualdad, género, participación ciudadana y transformación del Estado. Es miembro activo del colectivo Teología Latinoamericana – Volver al Evangelio, donde promueve una reflexión crítica sobre la fe, la justicia social y la dignidad humana desde una perspectiva latinoamericana.

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