En esta obra póstuma, Gustavo Gutiérrez nos invita a redescubrir el corazón del Evangelio: un Dios que se manifiesta en la vida y la dignidad de los pobres. Con la lucidez espiritual característica de toda su obra, y el respaldo del papa Francisco en el prefacio, este texto nos recuerda que la opción preferencial por los pobres no es una dimensión secundaria, sino el criterio decisivo para vivir y pensar la fe cristiana en la actualidad.
En un mundo marcado por nuevas formas de exclusión y por el endurecimiento de un modelo económico que descarta a millones, Gustavo ofrece claves teológicas, bíblicas y espirituales para discernir el presente y abrir caminos de esperanza.
Este libro, fruto de una vida entera de oración, reflexión y compromiso, es una invitación a mirar la historia desde quienes más sufren y a descubrir en ellos la presencia liberadora de Dios.
En medio de una crisis ecológica planetaria, Leonardo Boff se declara "pesimista esperanzado". Persiste en el espíritu humano una esperanza imperecedera, una energía esencial a la vida que es la fuente de la que brotan continuamente aguas cristalinas en forma de nuevos sueños, proyectos alternativos y caminos viables.
En medio de una crisis ecológica planetaria, Leonardo Boff se declara "pesimista esperanzado". Persiste en el espíritu humano una esperanza imperecedera, una energía esencial a la vida que es la fuente de la que brotan continuamente aguas cristalinas en forma de nuevos sueños, proyectos alternativos y caminos viables.
El más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el 9 de agosto de 2021, es lapidario y desolador, y confirma la urgencia de los cambios a la que nos llama una y otra vez el papa Francisco.
El más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el 9 de agosto de 2021, es lapidario y desolador, y confirma la urgencia de los cambios a la que nos llama una y otra vez el papa Francisco.
Homosexualidad. Las razones de Dios, es un relato desde la fe, el corazón y la razón, que nos sumerge en la experiencia del amor humano y divino presente en la dramática realidad de las personas homosexuales en la sociedad y en la Iglesia.
Con bondad y respetuosa autoridad, el autor nos desvela múltiples aspectos históricos de la homosexualidad, ocultos durante los 21 siglos de cristianismo, en defensa decidida de lo que debería ser lo más inviolable del ser humano: el hecho de amar, aunque el amado o amada sea del mismo género. Como terapeuta familiar nos invita a posicionarnos, desde el amor a la Iglesia, sin rencor, sin pudor y desde el perdón, al lado de quienes sufren rechazo y discriminación.
Desde un conocimiento profundo del tema, nos invita a un cambio real, de inclusión plena, para aceptarnos unos a otros como seres humanos (sin importar la identidad sexual), ya sea en las esferas políticas, culturales, sociales, familiares y sobre todo religiosas, pues como afirma el autor: «Antes que ninguna otra identidad (incluida la sexual), debería prevalecer la de “hijos de Dios”, la que realmente nos iguala, y a todos nos hace hermanos».
Homosexualidad. Las razones de Dios, es un relato desde la fe, el corazón y la razón, que nos sumerge en la experiencia del amor humano y divino presente en la dramática realidad de las personas homosexuales en la sociedad y en la Iglesia.
Con bondad y respetuosa autoridad, el autor nos desvela múltiples aspectos históricos de la homosexualidad, ocultos durante los 21 siglos de cristianismo, en defensa decidida de lo que debería ser lo más inviolable del ser humano: el hecho de amar, aunque el amado o amada sea del mismo género. Como terapeuta familiar nos invita a posicionarnos, desde el amor a la Iglesia, sin rencor, sin pudor y desde el perdón, al lado de quienes sufren rechazo y discriminación.
Desde un conocimiento profundo del tema, nos invita a un cambio real, de inclusión plena, para aceptarnos unos a otros como seres humanos (sin importar la identidad sexual), ya sea en las esferas políticas, culturales, sociales, familiares y sobre todo religiosas, pues como afirma el autor: «Antes que ninguna otra identidad (incluida la sexual), debería prevalecer la de “hijos de Dios”, la que realmente nos iguala, y a todos nos hace hermanos».
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