El lado oculto de la Guadalupana
$117.50
Aunque en México no se pueda negar al guadalupanismo su condición de símbolo de identidad nacional, difícilmente se le puede considerar como símbolo de unidad. Además de la añeja división entre guadalupanistas y antiguadalianistas, otra, cuyos orígenes han de buscarse en los albores de la misma tradición guadalupana, subsiste hasta nuestros días. Se trata -según el autor- de la existencia de un “guadalupanismo profundo”, de base indígena y popular, y de un “guadalupanismo imaginario”, de origen colonial, marcado a fuego por una sociedad jerarquizada -Estado e Iglesia-, que se sirvió del culto al “lienzo guadalupano” como mecanismo de soporte de una dudosa identidad.
En este proceso -en el que la imagen tiene un papel fundamental y relevante-, la Tonantzin de ayer, de naturaleza india-india, sufrió una primera transformación en Tonantzin-Guadalupe, obviamente de naturaleza india-cristiana, despojada posteriormente de su condición “idolatra” original mediante la creación de una “historia” para convertirla simplemente en “Guadalupe” -criolla cristiana-, dotada de la necesaria idoneidad para ingresar a la gran familia de figuras marianas ibero-europeas.
Sacar a flote el sumergido guadalupanismo, liberar el “guadalupanismo profundo” del peso aplastante del “imaginario” criollo; o bien, poner ante nuestros ojos el reverso –“el lado oculto”, la autenticidad india- del lienzo guadalupano -y del guadalupanismo-, es la tarea que se ha impuesto el autor.
El lado oculto de la Guadalupana
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Aunque en México no se pueda negar al guadalupanismo su condición de símbolo de identidad nacional, difícilmente se le puede considerar como símbolo de unidad. Además de la añeja división entre guadalupanistas y antiguadalianistas, otra, cuyos orígenes han de buscarse en los albores de la misma tradición guadalupana, subsiste hasta nuestros días. Se trata -según el autor- de la existencia de un “guadalupanismo profundo”, de base indígena y popular, y de un “guadalupanismo imaginario”, de origen colonial, marcado a fuego por una sociedad jerarquizada -Estado e Iglesia-, que se sirvió del culto al “lienzo guadalupano” como mecanismo de soporte de una dudosa identidad.
En este proceso -en el que la imagen tiene un papel fundamental y relevante-, la Tonantzin de ayer, de naturaleza india-india, sufrió una primera transformación en Tonantzin-Guadalupe, obviamente de naturaleza india-cristiana, despojada posteriormente de su condición “idolatra” original mediante la creación de una “historia” para convertirla simplemente en “Guadalupe” -criolla cristiana-, dotada de la necesaria idoneidad para ingresar a la gran familia de figuras marianas ibero-europeas.
Sacar a flote el sumergido guadalupanismo, liberar el “guadalupanismo profundo” del peso aplastante del “imaginario” criollo; o bien, poner ante nuestros ojos el reverso –“el lado oculto”, la autenticidad india- del lienzo guadalupano -y del guadalupanismo-, es la tarea que se ha impuesto el autor.